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La cámara Diana

Todo sobre la Diana+

Olvídate de buscar la imagen completa

Esto va en serio: olvídate de todo. Ya no buscamos “la imagen completa” y se acabó el “tomar distancia” o “ver las cosas con perspectiva”. Todos estos conceptos exigen detener la actividad bruscamente, ponerle freno a conciencia a tu instinto natural, a lo que te pide el cuerpo. Como decimos siempre: sé rápido. Con casi un millón de fotos potencialmente increíbles desfilando constantemente ante nuestras narices, ¿quién tiene tiempo para pensar en las consecuencias? No. Todo dueño de una Diana que se precie no movería un dedo por conseguir la imagen completa cuando hay tantos detalles cruciales en los que concentrarse.

Sujetar, apuntar y disparar una cámara Diana supone renunciar al control de forma consciente. Concentrar la creatividad en captar el momento y contar una historia en lugar de liarse a toquetear botones y palancas. La imagen borrosa y onírica captada por una Diana es más una interpretación que una representación correcta de la realidad. Puestos a comparar, la Diana se parece más a una máquina de escribir antigua pringosa de aceite que a uno de los chismes con megapíxeles que usamos hoy día. Con cada clic del disparador se capturan instantes de una forma única, impredecible. Surge una historia. Como observador, puedes leer e interpretar esa historia a tu aire. Además, podrás aportar tu granito de arena a la ilustre historia de Diana, que se remonta a más de 40 años.

La gran historia de la cámara Diana

En los años sesenta, una modesta empresa de Hong Kong llamada Great Wall Plastics Factory, creó una cámara barata de 120 a la que bautizó con el nombre de “Diana”. Realizada completamente de plástico, cada unidad costaba alrededor de un dólar. La Diana fue un fracaso comercial y dejó de fabricarse una década después. Pero como toda superestrella truncada en su mejor momento, una vez desaparecida su atractivo subió como la espuma. Como herramienta artística de culto se convirtió en todo un éxito entre los fotógrafos vanguardistas y minimalistas que quedaron prendados por las imágenes suaves, como de ensueño, por los colores súper saturados, los borrones impredecibles y el contraste al alimón. Las fotos realizadas con la Diana son puras y descaradas, con personalidad propia. ¡Es imposible reproducirlas con ninguna otra cámara! En pocas palabras, la Diana adquirió prominencia y pasó a ser una de las cámaras analógicas de culto más preciadas y buscadas a partir de finales de los setenta.

La cámara Diana+

Seguro que alguna vez has visto uno de esos majestuosos coches de época y has pensado "Ojalá pudiera entrar en un concesionario y llevarme uno nuevo". Pues eso es más o menos lo que sentimos cuando descubrimos a Diana. ¿Cómo resistirse a los encantos de su cuerpo de plástico? ¿Cómo evitar caer en las redes de aquellas fotografías minimalistas, verdaderas obras de arte? Algo tan hermoso, tan clásico, tan crucial para el mundo de la fotografía analógica no debió caer en el olvido tan pronto. Y como teníamos los medios, los conocimientos y la oportunidad de reconstruir a la Diana desde cero (añadiendo algún que otro extra), en 2007 nació la Lomography Diana+. Hemos reproducido al detalle los encantos originales de Diana (su radiante lente por la que se cuelan los colores, las sorpresas del foco suave, la carcasa de plástico, el sencillísimo disparador) para conservar el aspecto y sensaciones que transmitía la original. Además, hemos añadido un par de funciones nuevas, Pinhole & Endless Panorama, para allanar el camino y dar paso a toda una nueva generación de imágenes y técnicas al más puro estilo Diana.